Mi hijo tiene una inteligencia superior


Luisa caminó a los 9 meses, avisaba para ir al baño a los 10, y a los 2 años ya hablaba perfectamente, incluso se destacó académicamente en el preescolar. Pero socialmente no se relacionaba con sus pares y pasaba por odiosa en reuniones familiares, pues siempre fue independiente y madura. No obstante, la pequeña se sentía feliz. En poco tiempo madre e hija asistieron al sicólogo. El diagnóstico: Luisa tenía excelentes capacidades intelectuales y debía entrar a un colegio para niños con esas características, que en esa época era el Instituto Alberto Merani. Para acceder a dicha institución la niña fue sometida a cuatro días en intensas pruebas: el resultado del coeficiente intelectual fue de 134; mientras lo normal es de 90 a 100.

 

En 1907, un equipo liderado por Alfred Binet creó el primer test de funciones mentales, que pronto se comenzó a llamar de inteligencia. Esto encantó a sicólogos y padres de familia, pues contaban con un termómetro preciso para obtener y comparar el coeficiente intelectual de su hijo. A aquellos que tenían un puntaje alto se les llamó superdotados, creando un enorme negocio narcisista.

 

Pero muchas evidencias comenzaron a contradecir estos test. La primera, que solo tenían alguna relación con las calificaciones escolares. Segundo, sus puntajes eran variables en ciertos períodos de la vida del pequeño. La tercera, los supuestos superdotados no se convertían en Picasso, Mozart, Newton o Bill Gates. Estos expertos coinciden además en que los niños no nacen con inteligencia superior. Al niño no se le debe llamar ni superdotado ni con inteligencia superior, sino que hay diferentes inteligencias, y la única manera de evaluarlos es en la práctica.

 

No obstante, la sicóloga clínica Beatriz Parra cree que el pequeño desde que está en la cuna demuestra que tienen habilidades avanzadas. Para ella, los niños que no deben ser llamados superdotados, sino con inteligencia superior, tienen un desarrollo motor y del lenguaje precoz, ingenio para construir, son líderes y, casi siempre, les va mal en el colegio. Además, cree en la efectividad de las pruebas de inteligencia: “Los test de coeficiente intelectual están estandarizados en todo el mundo y miden a los niños desde los cinco años en adelante. Si está por encima de sus habilidades, les damos instrucciones a los padres de cómo pueden estimular su capacidad”.


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