Qué es en verdad la inteligencia


Para la sicóloga Beatriz Parra la inteligencia es heredada, pero si no se le da un estímulo adecuado, esta se puede estancar. Julián de Zubiría, por su parte, cree que por lo menos 80 por ciento de la inteligencia de un individuo depende del medio, la lectura, los medios masivos de comunicación, los amigos, pero fundamentalmente de la orientación de la familia, la escuela y la cultura.

 

Los estudios científicos confirman que luego de 10 mil horas de preparación, agrega, es posible, no seguro, que un muchacho comience a convertirse en un ser especial. Por eso, el amor y el trabajo, no la falsa inteligencia, son la respuesta.

 

Anteriormente, dice Parra, los niños de inteligencia remarcada se manejaban como si fueran cajitas de intelecto. Eran pequeños que manejaban estadísticas a los siete años, pero no sabían sumar ni restar. En la actualidad, no. Lo ideal, dice la sicóloga, es que estos niños tengan una educación normal, pero con alta exigencia académica. “Si no se detecta esta condición a tiempo, porque tienen un desarrollo emocional muy acelerado, no hay una balanza y los padres se confunden a la hora de tratarlo”, señala. Por eso, es importante canalizar esta inteligencia en un entorno familiar y social normal, sin olvidar el hecho de estimular sus capacidades.

 

Por su parte, Miguel de Zubiría opina que el concepto de superdotado genera un efecto negativo en el niño porque se siente con una capacidad especial, cuando lo importante para serlo es trabajar, esforzarse, leer, tener altos niveles de autonomía, creatividad, esfuerzo, y no solo un don natural.

 

Lo más importante para estimular la inteligencia de los pequeños es tener un embarazo sano y feliz y promover el aprendizaje, a través del juego. “Si como padres no sabemos cómo manejar la situación en la familia y no nos damos cuenta de las inquietudes que tienen los  niños a temprana edad, ellos van investigando y, sentirán que el mundo no les responde, tendrán comportamientos sociales inadecuados”, afirma la sicóloga Beatriz Parra. Por eso, añade, la familia debe verlo común y corriente. Aislarlos y verlos como excepcionales les trae muchos problemas.


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