Agua con alta dosis de flúor afecta inteligencia


El consumo crónico de agua con altas concentraciones de flúor altera el nivel de coeficiente intelectual de los niños, de acuerdo a un trabajo realizado por egresadas de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad José Matías Delgado. La asociación se desprende de los datos obtenidos tras analizar el agua de pozos y vertientes naturales, chequeos clínicos y un test aplicado a un grupo de niños residentes en el municipio de Agua Caliente, Chalatenango, al norte del país.

 

En un área rural los pobladores se abastecen de los vertientes naturales o de los pozos perforados. Pero fue hasta inicios del año cuando, a través de la tesis que recibió la Mención Honorífica del Premio Nacional de Medicina, se identificó la gravedad de ingerir este tipo de líquidos, una vivencia que no es exclusiva de Agua Caliente.

 

En el cantón San Antonio, los niveles de flúor exceden los niveles permitidos por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), este no debe pasar del 1.5ppm. Fue en este cantón donde se centró el trabajo, ahí identificaron 28 niños, de 74, entre los cinco y nueve años afectados por ingerir agua con altas concentraciones de flúor. Se les realizaron estudios odontológicos que mostraron pigmentación en los dientes de los infantes. 

 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la pigmentación que presentan los dientes se puede determinar el grado de exposición a flúor al que han estado expuestas las personas. Por medio de los chequeos odontológicos se determinó que los niños del cantón San Antonio tenían acumulaciones de flúor de moderadas a severas. A los 28 menores se les aplicó un test para clasificar el coeficiente intelectual, a la mita de ellos se les ubicó en el nivel intelectual deficiente. "Vimos que afecta en buena medida el sistema neurológico y dentro de los daños más representativos está la alteración del coeficiente en niños, cuando estos consumen de manera crónica", dijo Tatiana Rodríguez, integrante del grupo de investigadoras.

 

También se estudió un segundo grupo de infantes de la misma edad, sexo y que cursaran el mismo grado, pero que no estuvieran expuestos a altas concentraciones de flúor. Se trata de pobladores de San Ignacio, Chalatenango. Con ello se pudo realizar la comparación entre un grupo de niños que consumen agua hiperfluorada y otro que no y de esta manera hacer la relación sobre el efecto que produce en el coeficiente intelectual. Rodríguez expresó que el IQ o nivel de inteligencia aumenta en la medida que avanza la edad. "Los niños de 9 años, que eran los infantes mayores que teníamos, ellos punteaban IQ más bajo", indicó Laura Vaquerano. De acuerdo al test que se les aplicó, el mayor porcentaje de infantes tenía puntajes entre cinco y 27; cinco ya se considera un nivel de deficiencia en los niños y 27 está por debajo de lo esperado, explicó Rodríguez. Esos resultados difieren con los de los menores de San Ignacio, que no consumen agua hiperfluorada, ahí oscilaban entre 16 y 34.

 

De acuerdo al test de Raven, el 50 por ciento de los menores que consume agua con flúor se encuentran en el nivel intelectual deficiente, mientras que del grupo que ingiere agua potable solo el cinco por ciento se ubica en este parámetro. Los problemas son más marcados en la medida que aumenta la edad de los casos analizados.

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