El pensamiento y la emoción


La inteligencia es la capacidad del ser humano para recopilar y procesar información del mundo que lo rodea, con el fin de generar una respuesta al mismo, es decir para resolver problemas o situaciones, cualquiera que sea la naturaleza de los mismos. Se comprende que una persona con un coeficiente intelectual medio o alto, puede tener un desprendimiento contundente de sus emociones, aunque éstas a la larga se acumulen y generen un proceso sicosomático de enfermedad, como gripas o problemas gastrointestinales. Hoy en día es mejor tener un buen manejo de las emociones, y no controlarlas o negarlas. A esto se le llama inteligencia emocional. 

 

 

Daniel Goleman plantea que la inteligencia emocional es doblemente más importante que las destrezas técnicas o el coeficiente intelectual mismo. ¿Se puede desarrollar de manera consciente? Sí, aunque nacemos con una carga genética, un temperamento que nos describe, en nuestro desarrollo junto con la educación que recibimos y las experiencias vividas, nos permiten generar de manera natural esta inteligencia emocional; sin embargo, hoy en día ya hay métodos para hacerlo de manera consciente, y no tanto de manera circunstancial. 

 

 

Las emociones, ya sean buenas o malas siempre traen consecuencias físicas, nos enfermamos o se nos encoje la tripa, o también podemos vernos radiantes, es decir nuestro cuerpo responde al estímulo emocional y como consecuencia manifiesta cambios. Esto depende del rango de crecimiento emocional que tengamos. Es decir, la inteligencia emocional se mide entre otras cosas, por el nivel de autoconocimiento que se tiene, y permite generar empatía con las demás personas, captar o percibir, entender y modificar los estados emocionales. 

 

 

Antes se medía la capacidad intelectual de una persona a la hora de hacer una evaluación para ser admitido en la escuela, universidad o para un trabajo, la prueba incluía el diagnóstico que determinaba si una persona sería exitosa o no. Hoy se sabe que la medición del IQ (siglas Coeficiente Intelectual en inglés) es casi obsoleto, digamos que el intelecto (racional) ha pasado a un segundo plano, sólo se toma en cuenta en menos de un 30 %, lo que realmente evalúa a una persona es la capacidad que tiene para mantenerse “ecuánime” en situaciones (hipotéticas) límite, como emergencias, imprevistos en el trabajo, presiones, decepciones y muchas otras actividades o circunstancias de la vida en las que nos vemos involucrados todos los días. 

 

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