La diversidad molecular sería la clave de la inteligencia.


La inteligencia depende del tamaño del cerebro o del total de neuronas contenido, así como de la diversidad molecular en la composición de la sinapsis o conexiones neuronales propias de cada especie, en la cual la cantidad proteínica involucrada establecería el grado de capacidad de aprendizaje y memoria.

Así, el funcionamiento cerebral depende de la calidad de los procesos de conexión y transmisión de señales intervinientes, el cual es afectado por la diversidad molecular y carga de proteínas involucradas, lo que marcarías las diferencias cognoscitivas entre las diferentes especies animales.

Para llegar a este resultado se analizó alrededor de 600 proteínas halladas en la sinapsis de mamíferos, en contraste con las cerca de 300 halladas en sinapsis de invertebrados, y de menos de 150 en animales unicelulares que no tienen cerebro, y algunas de ellas en hongos como la levadura, respondiendo a cambios climáticos o escasez de alimento.

En los seres humanos, la expansión de estas proteínas propició la formación de sectores especializados de nuestro cerebro, como la corteza cerebral o la médula espinal, potenciando así los procesos de pensamiento, inteligencia y memoria.

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