Yodo y coeficiente intelectual


La ingesta de Yodo está directamente relacionada al coeficiente intelectual, en especial en los niños. Una ingesta inferior en sus dietas los hace más propensos a tener bocio, problemas auditivos, lesiones cerebrales y un menor coeficiente intelectual, ya que el yodo es nutriente necesario para el adecuado funcionamiento de la glándula tiroides, que regula el crecimiento y el metabolismo.

La carencia de yodo durante el embarazo aumenta las probabilidades de muerte de la madre, de aborto espontáneo y de mortalidad fetal tardía.  Para prevenir los trastornos causados por la carencia de yodo se debe consumir a diario una cucharadita repartida en cantidades mínimas, en lapsos periódicos durante toda la vida. La yoduración de la sal es la solución más lógica y eficaz contra estos trastornos, dado su consumo gradual y diario, en una solución segura y económica.

Este proceso de adición de yodo a la sal de consumo se empleó por primera vez en Suiza en 1922, para luego ser aplicada en occidente. Hacia 1990 sólo se consumía sal yodada en menos de un 20% de los hogares de los países en desarrollo, por lo que unos 40 millones de niños corrían peligro de sufrir problemas de aprendizaje.


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