Elige tu inteligencia


El viejo concepto de inteligencia única, que mide el coeficiente intelectual (C.I.), nació en 1904 como método de clasificación, para distinguir los niños que tenían capacidad para rendir en el colegio de los que no. Era un número que medía las dotes de aprendizaje, basado en dos premisas: que la inteligencia es fija e inmutable desde el nacimiento y que está constituida por habilidades verbales y matemático-analíticas. Esta discutible teoría comenzó a resquebrajarse en los años ochenta, puesto que tener un C.I. elevado no equivalía a ser más inteligente: hay gente con gran C.I. que no sabe elegir bien a sus amigos, o personas con un expediente académico pobre que han tenido éxito en su profesión.

En 1983, Howard Gardner formuló la teoría de las inteligencias múltiples, que afirma que la inteligencia es una capacidad para resolver problemas, según potencialidades neuronales que pueden ser o no activadas dependiendo de muchos factores, como el entorno cultural y familiar. Así, se estima que el 30% de nuestra inteligencia es heredada, el resto es educación, cultura, ambiente económico y hasta alimentación, aunque la actitud para desarrollar una inteligencia más que otra sí es algo innato.

A partir de este concepto se han desarrollado subcategorías y clasificaciones, como la "inteligencia emocional" de Daniel Goleman. Incluso Antonio Damasio, autor de El error de Descartes, afirmó que "no puede haber decisiones sin emociones". Existen ejercicios que ayudan a manejar las emociones mediante control y motivación. De este modo, sabemos que lo emocional es lo que nos relaciona con nosotros y con los demás, y lo racional sirve para discernir, inducir, investigar, aunque las dos tienen que ir juntas.

Ignacio Morgado dice que “la lógica nos hace poner las opciones sobre la mesa; con la razón presentamos las alternativas, y con la emoción las consideramos como positivas o negativas”.  Así, la inteligencia emocional es una forma de sabiduría. Es decir que si encontramos el equilibrio entre ellas, es probable que tengamos éxito profesional y que cumplamos los objetivos que nos hayamos prefijado a nivel profesional y personal, contribuyendo a nuestra satisfacción y felicidad.

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