El entorno familiar influye en la inteligencia más que la genética


El psicólogo social Richard E. Nisbett indicó que el entorno familiar es más poderoso que la influencia genética en la determinación de la inteligencia.

Los estudios sobre la eficacia de las intervenciones educativas han mostrado que los factores ambientales afectan poderosamente la inteligencia. Mediante logros reales, Nisbett ha demostrado que la estimulación del cerebro depende del trato con el entorno, cuyas consecuencias comienzan en la infancia y se combinan con factores de vecindario, cultura y educación. Así, la pobreza disminuye el coeficiente intelectual.

Cuando el entorno le exige al individuo pueden lograrse maravillas. De este modo, Nisbett explica que los logros académicos y profesionales de asiáticos y judíos no se deben a cocientes intelectuales más elevados, sino a los valores familiares que los ponderan, y a culturas que enfatizan el trabajo duro y la persistencia.

Los genes no desempeñan un papel en las diferencias de cociente intelectual entre diferentes razas. La clase social y los factores de vecindario, cultura y educación ensanchan la brecha entre estos grupos. Se necesita educación intensiva en la primera infancia para los pobres y visitas hogareñas que enseñen a las familias cómo pueden alentar el desarrollo intelectual, lo cual puede producir ganancias enormes en el cociente intelectual y en logros académicos y ocupacionales.

La pobreza disminuye el Coeficiente Intelectual
Los factores ambientales biológicos y sociales asociados a la pobreza, incluyendo mala nutrición, cuidado médico inferior, baja tasa de amamantamiento y estilos de crianza menos afectiva, influyen negativamente en el cociente intelectual. Sin embargo, hay programas de intervención educativa que han probado su eficacia para estrechar la brecha socioeconómica en los logros escolares.

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